Zaragoza – la Caesaraugusta romana

La historia de la época romana siempre me ha fascinado. La península ibérica ha tenido un papel primordial en muchos momentos de esa historia – desde aquí Aníbal comenzó su increíble cruzada a Italia, aquí lucharon las legiones de Cesar y Pompeyo en la guerra civil romana, aquí nacieron los emperadores romanos Adriano y Trajano y el famoso escritor y filósofo Séneca, el mentor del emperador Nero.

Aunque Zaragoza, la antigua Caesaraugusta, nunca alcanzó la importancia de Tarraco o Corduba, las dos capitales de las provincias Hispania Ulterior y Hispania Citerior, siempre que visito esta fascinante ciudad me alegro de introducirme otra vez en su pasado romano – el inicio de una historia de más de 2000 años de antigüedad.

La fundación de Caesaraugusta

Al fin (desde el punto de vista romano, claro) en el siglo 16 a.C el militar romano Marco Vipsanio Agrippa pudo informar a su emperador Augusto del éxito de la invasión de la península ibérica entera. Los cántabros habían sido derrotados en el año 18 a.C tras larga guerra y ahora los legados habían conseguido someter los últimos focos de resistencia en Galicia y Asturias.

Estatua de Augustus

Estatua de Augusto

Para Augusto había llegado pues el momento de asegurar la dominación con la romanización de la nueva provincia, tan rica en recursos naturales. Cuanto antes se fuese introduciendo en la población el modo de vida romano, más estable sería la dominación en esas tierras.

Así, el emperador viajó en los años 15-14 a.C a la península ibérica y fundó varias colonias y ciudades, concediendo tierras a los veteranos jubilados de las legiones que habían luchado allí.

Así nacieron Bracara Augusta (Braga) y Lucus Augusti (Lugo) en Galicia, Asturica Augusta (Astorga) en Asturias y Iuliobriga (cerca de Reinosa) en Cantabria.

La colonia Caesaraugusta fue fundada oficialmente en el 14 a.C seguramente coincidiendo con el 50 cumpleaños del emperador, un 23 de septiembre. Aunque se hayan hallado restos de construcciones romanas, como la estructura de un pórtico, un pequeño templo y un mercado datados de época anterior, 40 a 30 a.C, se cuenta el 14 a.C como fecha de comienzo de la historia de la ciudad.

Aquí se establecieron muchos veteranos de la X legión (Gemina), de la VI legión (Victrix) y la IV legión (Macedonia), ampliándose la ciudad considerablemente. Se construyó un pórtico con un columnado doble y el templo se amplió, se construyeron además una curia, un foro y muchas tiendas y talleres para la creciente población.

Los legionarios de la legión Macedonia construyeron la presa de Muel para asegurar el abastecimiento de agua de la ciudad y en los años 8-7 a.C construyeron una carretera que unía Zaragoza con la Vía Augusta.

El teatro romano

Caesaraugusta se convirtió en una de las capitales de las siete nuevas administraciones creadas por Augusto en la provincia Hispania Citeroir (Tarraconensis) y, acorde a su importancia se planificó ya en esa época la construcción de un gran teatro. Su construcción sin embargo no comenzó hasta el reinado de Tiberio (14-37 d.C) y se terminó por fin bajo el reinado de Claudio (41-54 dC).

Teatro romano de Caesaraugusta

Teatro romano de Caesaraugusta

Fue uno de los mayores teatros de la península ibérica; el diámetro de las gradas del público superaba los 100 metros y cabían 6000 personas. Sus muros y gradas eran de alabastro. Durante trescientos años el teatro fue centro cultural de la fastuosa ciudad romana de Caesaraugusta. Hasta que durante la crisis del imperio romano del siglo III, cuando tropas bárbaras invadieron la península, primó la defensa de la ciudad ante el esparcimiento y la diversión, desmontándose el teatro para construir una muralla con sus grandes bloques de piedra para proteger a sus habitantes de saqueos y ataques.

Y así desapareció el antes imponente teatro de la ciudad hasta que su antigua ubicación exacta cayó en el olvido.

Casi 2000 años tras su construcción, la casualidad quiso que sus ruinas salieran a la luz. Este descubrimiento sensacional comenzó cuando el „Patio de la Infanta“ regresó a su lugar de origen, Zaragoza. El palacete de estilo renancentista aragonés había sido construido en 1550 por el rico comerciante y banquero de origen judío Gabriel Zaporta en su palacio cosmopolita. En el año 1902 el anticuario francés Friedrich Schulz compró su patio por el importe de 17000 pesetas y lo transportó a su casa de París, hasta que Ibercaja lo volvió a adquirir por 3 millones de pesetas en 1958.

Cuando en 1974 se quiso iniciar la reconstrucción de la casa del rico mercader, para volver a colocar los elementos del patio en su ubicación original, aparecieron los restos del antiguo teatro romano.

Así, en lugar de un palacio, se construyó un techo enorme de cristal para proteger las ruinas del teatro y el Patio de la Infanta halló otra ubicación en la central de la entidad financiera Ibercaja en Zaragoza, donde puede visitarse actualmente.

Las murallas romanas

Todavía hoy se puede imaginar el efecto imponente que debían causar en su época las murallas de Zaragoza. Tras ellas los habitantes de la ciudad podían sentirse seguros y los enemigos debían reconocer que sería tarea difícil conquistar la ciudad. Las ruinas actuales de estas murallas tienen su origen en la segunda mitad del siglo III d.C, cuando por primera vez en generaciones, los enemigos del imperio romano amenazaron su territorio, atraídos por su enorme riqueza.

Murallas romanas de Caesaraugusta

Murallas de Caesaraugusta

Las murallas formaban un cuadrado de 900 por 540 metros y encerraban un área de 44 hectáreas. Medían hasta 7 metros en su parte más elevada y cada 120 m había un torreón de vigilancia de 13 m y 8 m de diámetro.

Existían cuatro puertas por las que se accedía a la ciudad, conformando el final de los dos ejes principales que cruzaban la ciudad, el cardo (de norte a sur) y el decumano (de este a oeste).

La puerta Norte (Puerta del Puente) se decoró en 1493 con un ángel de alabastro de Gil Morlanes y se llamó Puerta del Angel a partir de entonces. Fue destruida durante los sitios de Zaragoza en 1808-1809. En 1860 se reconstruyó y en 1867 fue derribada definitivamente.

La puerta Este estaba junto a la iglesia de Santa María Magdalena y se llamó „de Valencia“ en la época medieval. La puerta Oeste estaba al final de la calle Manifestación y se conocía como „de Toledo“. La puerta Sur se hallaba un poco más al oeste de la Puerta Cinegia, la entrada al famoso „Tubo“, utilizándose desde la época musulmana.

Algunos arqueólogos sostienen la tesis que la ciudad construida sobresalía del perímetro de las murallas. Sobre todo en los barrios de Tenerías y San Agustín se han encontrado restos de pavimentos y canalización de la época de Augusto, concluyéndose que allí había habido palacetes con agua corriente, termas y jardines. Caesaragusuta fue muy rica y sus habitantes de clases privilegiadas disfrutaban de todos los avances tecnológicos alcanzados por la civilización romana.

Aunque la imagen actual de Zaragoza no recuerde mucho a esta fastuosa ciudad romana, cuando paseo por la Ruta de la Caesaraugusta romana, quedo siempre fascinado. Los fantásticos museos de la época romana de la ciudad, que reproducen la vida y la imagen de la ciudad romana, son obligatorios para todo aquel que se interese por la historia de la ciudad.

Seguro que los lectores de nuestra guía „El encanto de Zaragoza“ se apasionarán del mismo modo por la historia de la ciudad de Zaragoza y nos sentiríamos muy orgullosos de que con ayuda de la guía puedan conocer mejor esta gran ciudad.

 

Nuestra literatura de viaje:

 

„El encanto de Zaragoza – la ciudad inmortal“ (publicada el 7 de julio de 2013)

 

https://itunes.apple.com/es/book/el-encanto-de-zaragoza/id669501976?l=en&mt=11

 

 

Lisboa – la bella a orillas del Tajo

Lissabon – Blick auf die das Stadtviertel Alfama

Belleza decadente – Cinderella City – olvidada, despreciada, abandonada – ; una ciudad de almas en pena o un último refugio para los nostálgicos… la magia con que Lisboa fascina a todo visitante es legendaria, de ella hablan todas las crónicas y reseñas sobre esta venerable metrópolis portuguesa que he leído antes de este viaje.

Y así me sucede a mi también durante el viaje en autobús desde el aeropuerto, recorriendo gran parte de la ciudad para llegar a mi hotel en el centro histórico.

A lo largo de las avenidas observo las viejas casonas señoriales, que han perdido tanto de su esplendor de antaño, muchas a punto de desmoronarse con sus ventanas y balcones tapiados. Me fascinan y me sobrecogen a la vez, pues son un testigo evidente de la pasada gloria de alcance mundial del reino portugués y su triste presente en términos económicos.

Desde mi hotel en la plaza Dom Pedro IV me separan pocos pasos de los barrios históricos de Chiado, Baixa y el Bairro Alto y decido dar un paseo vespertino. Por doquier se me ofrece la misma imagen melancólica y apasionada al mismo tiempo, tras las fachadas históricas de los bellos edificios no hay luces que indiquen que allí habite nadie, sinó los maderos clavados en las ventanas y balcones de los pisos vacíos. En la planta que da a la calle hay tiendecitas y comercios que a esta hora tardía están cerrados.

A la mañana siguiente paseo por la Rua Augusta hasta la orilla del Tajo. Las tiendas y cafeterías están abiertas. Me gusta observar que aquí hay muy pocas tiendas de cadenas internacionales invadiendo las calles principales como en otras capitales europeas, despersonalizándolas por completo. Hace sol, a pesar de las grises previsiones, y,  aunque la brisa fresca del Atlántico se deja notar,  hay mucha gente en las calles. La impresión de movimiento comercial que percibo esconde el estado lamentable del centro histórico, que ha hecho que la gente huya en masa de estos barrios . En los últimos 30 años más de 300.000 personas han abandonado el centro de Lisboa, sólo quedan los menos pudientes y los inmigrantes. Los más afortunados se han mudado a modernos pisos y casas de propiedad en atractivas poblaciones cercanas como Estoril o Caiscais en la cercana costa. Ya en 2008 había en Lisboa más de 4000 edificios y 30000 pisos vacíos, abandonados a su suerte.

Hoy cientos de miles de personas entran y salen de la ciudad cada día para trabajar y las consecuencias son dramáticas: los atascos de tráfico y la contaminación preocupan mucho a las autoridades municipales mientras sus arcas se vacían, pues el número de habitantes con más poder adquisitivo y por tanto de los contribuyentes se reduce cada vez más.

Antes de cenar me aventuro por las calles del antiguo barrio judío de Alfama, un laberinto de estrechos callejones medievales adoquinados trepando por las laderas del monte del castillo de San Jorge por la parte que da al río Tajo. Desde el interior de los bares y tabernas se oye cantar Fado, ese cante portugués nostálgico y melancólico, pero que sabe expresar a al vez la alegría y la ironía de la vida que tanto caracteriza a esta ciudad. La mayoría de los visitantes aquí son turistas, pues en este barrio viven pocos oriundos y el abandono de las viejas casas es más que evidente. Casa

 

En el camino de vuelta al hotel paso por un viejo palacete medieval, intuyo una vista fantástica sobre el mar de luces de la ciudad desde su terraza, pero tampoco aquí vive nadie y me pregunto por qué su propietario deja que este bello edificio se agriete y desmorone.

Uno de los motivos del contínuo abandono del centro histórico de la ciudad viene del decreto del dictador Salazar, quien en 1947 prohibió el aumento de los alquileres de los pisos del centro de Lisboa por décadas. Ello provocó que ya en 2006 los habitantes pagaran más por la electricidad que por el alquiler. Los propietarios no se ocuparon de renovar y modernizar las viviendas o invertir en el saneamiento de los edificios, sinó que esperaron o esperan a que sus inquilinos se marchen o se mueran para vender el edificio o derribarlo para la construcción de modernas oficinas.

En 2012 se renovó por fin la ley de arrendamientos, sólo queda esperar que los propietarios se interesen por mantener y restaurar los bellos edificios del centro y así poner fin a la decadencia y abandono que tanto daño hace a la bella arquitectura de la  ciudad.

El ayuntamiento también intenta desde los 90 salvar la arquitectura única de su centro histórico. Con ayuda de medios municipales se ha podido restaurar algún edificio que reluce mostrando su esplendor y haciendo evidente lo bello que podría ser todo el barrio. Pero para hacer revivir el centro histórico de la ciudad falta que sus habitantes se den cuenta de que vale la pena vivir aquí.

Por desgracia, la crisis financiera y las medidas de contención de gasto impuestas por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional al gobierno portugués han provocado que los medios para la conservación de edificios prácticamente ya no existan. Además el aumento del paro juvenil hasta casi un 16% en el año 2000 y hasta un 38% en 2012 provoca una desbandada general de los jóvenes hacia el extranjero y destruye las perspectivas de crecimiento económico en Portugal.

Justamente aquí se me muestra con aplastante claridad la estrechez de miras, por no decir la torpeza de la política de austeridad que se practica casi misionariamente en Europa.

Mientras reflexiono sobre el mal camino de la política europea durante mi último paseo del día por Lisboa, llaman mi atención los enormes graffiti que adornan algunos de los grandes y vacíos edificios de la ciudad. Hubo un proyecto llamado Crono http://cargocollective.com/Crono/Manifesto apoyado por el gobierno municipal de Lisboa para que los mejores artistas de graffiti a nivel mundial transformaran esos tristes edficicios en obras de arte, en vez de abandonarlos para ser pasto de especulaciones inmobiliarias, y a la vez dotar al barrio de una imagen alegre e innovadora. Este proyecto se llevó a cabo desde junio de 2010 hasta julio de 2011. La resonancia a este original método de protección de edificios no se hizo esperar: para unos comentaristas un proyecto digno de elogio, para otros un deshonor para las edificios históricos mediante trabajos de pintura de aerosol elevados a la categoría de arte, pensada sólo para atraer turistas que demuestran una clara falta de planificación municipal a largo plazo.

Tras meditarlo un momento doy forma a mi opinión personal: cualquier cosa es mejor que abandonar estas casonas a su triste suerte. ¿Por qué pensar que esos graffiti realizados por artistas reconocidos internacionalmente deshonran los edificios?¿Es que es mejor que antiguos palacetes con ventanas tapiadas con maderos y paredes destrozadas determinen la imagen de la ciudad?

Claro que sería maravilloso que hubiera un saneamiento general de edificios, pero mientras los políticos no tengan interés en la conservación de la arquitectura europea y los críticos de los graffiti no ofrezcan ninguna alternartiva digna ¿por qué ponerse en contra de esta forma de expresión artística? Aparte de que se puede aprovechar como signo de protesta contra la ignorante política europea que observa de brazos cruzados el decaimiento de los tesoros culturales europeos desde el comienzo de la crisis financiera, pero al mismo tiempo pone a disposición millones de euros pagados por los ciudadanos para salvar bancos arruinados.

Al final de mi viaje me doy cuenta de que también he sucumbido a la magia de Lisboa. Sí, esta ciudad es la Cenicienta de Europa – olvidada, despreciada y abandonada. Pero al mismo tiempo gentil y amable, encantada y encantadora, con sus gentes siempre dispuestas a ayudar con una sonrisa en el rostro incluso en estos tiempos tan difíciles, quienes, a mi modo de ver, merecen una política inteligente y sostenible para su país y su maravillosa capital.

Zaragoza – Escenario de la EXPO en 2008

Hace cinco años Zaragoza acogió la Exposición Universal bajo el lema “Agua y desarrollo sostenible”. Las Expo se celebran desde 1851 regularmente en ciudades del mundo. La inversión de más de 1.500 millones de euros fue a cuenta del estado español, el gobierno aragonés y la ciudad de Zaragoza, para construir la maravilla arquitectónica que es el recinto Expo 2008 en el noroeste de la ciudad a orillas del Ebro.

Puentes espectaculares como la “Pasarela del voluntariado” del arquitecto español Javier Monclús fueron construidos para unir las dos orillas del río Ebro, así como pabellones impresionantes como el Pabellón de Aragón del arquitecto Olano y Mendo.
Fueron 107 países los que presentaron en este recinto sus ideas y visiones sobre el tema “Agua y desarrollo sostenible”.
La Expo Zaragoza simboliza para mí, más que cualquier otro evento en la primera década del siglo XXI el auge de España para convertirse en una de las naciones pioneras en la economía de Europa, su modernidad y la fuerza creativa e innovadora de sus arquitectos e ingenieros.
Hoy, cinco años después de este gran evento, paseo por el recinto casi abandonado de la exposición universal para fotografiar su arquitectura, que sigue siendo fascinante, y me pregunto qué fue del sueño de construir un nuevo gran centro urbano en este recinto, digno de la quinta ciudad en tamaño de España.
Ya el llegar hasta aquí se hace complicado, pues no existe casi señalización alguna indicando el camino al recinto Expo. Sigo el cauce del Ebro en dirección norte con la esperanza de encontrarlo.
Descubro las cabinas pintadas de verde del teleférico suspendido en el aire y me pregunto por qué está vacío y no se mueve. Más tarde me explican que su explotación se ha abandonado por falta de público.
En el enorme recinto me encuentro con muy pocas personas, algún deportista haciendo footing y una persona en silla de ruedas dando sus vueltas por la plaza frente al Pabellón de Aragón.
Muchos pabellones están vacíos y empiezan a mostrar signos de dejadez. En algunos veo obreros trabajando para devolverles su esplendor.
Pocos visitantes se acercan hasta el mayor acuario fluvial de agua dulce de Europa, me pregunto si el fin de semana habrá más gente visitando este fantástico lugar. El acuari desde luego vale la pena.
A última hora de la tarde paseo por el Parque del Agua “Luis Buñuel”, un paisaje artificial pantanoso con canal de agua con caminos marcados que invita a la contemplación y al descanso. Incluso aquí me encuentro casi solo.
Hay un embarcadero de alquiler de embarcaciones cerrado. Las barquitas de colores que se balancean en el agua brindan un contraste con el ambiente casi melancólico que se respira en este lugar tan solitario.
La Expo 2008 es para mí parangón de la grave crisis económica que atacó este país poco después de la celebración de la exposición. El hundimiento de la industria de la construcción, la crisis bancaria y el enorme endeudamiento del país han dado la vuelta al optimismo y el desarrollo de este país.
La fantástica arquitectura y la presentación tan bien lograda del tema “Agua”, tan importante para todos, merece ser mucho más visitada. Cuando, al final del día, me marcho de aquí para emprender el viaje de regreso a mi hogar, deseo que nuestra guía turística sobre Zaragoza atraiga a tantos turistas como sea posible, que de otra manera tal vez hubieran pasado de largo de esta ciudad.