Lisboa – la bella a orillas del Tajo

Lissabon – Blick auf die das Stadtviertel Alfama

Belleza decadente – Cinderella City – olvidada, despreciada, abandonada – ; una ciudad de almas en pena o un último refugio para los nostálgicos… la magia con que Lisboa fascina a todo visitante es legendaria, de ella hablan todas las crónicas y reseñas sobre esta venerable metrópolis portuguesa que he leído antes de este viaje.

Y así me sucede a mi también durante el viaje en autobús desde el aeropuerto, recorriendo gran parte de la ciudad para llegar a mi hotel en el centro histórico.

A lo largo de las avenidas observo las viejas casonas señoriales, que han perdido tanto de su esplendor de antaño, muchas a punto de desmoronarse con sus ventanas y balcones tapiados. Me fascinan y me sobrecogen a la vez, pues son un testigo evidente de la pasada gloria de alcance mundial del reino portugués y su triste presente en términos económicos.

Desde mi hotel en la plaza Dom Pedro IV me separan pocos pasos de los barrios históricos de Chiado, Baixa y el Bairro Alto y decido dar un paseo vespertino. Por doquier se me ofrece la misma imagen melancólica y apasionada al mismo tiempo, tras las fachadas históricas de los bellos edificios no hay luces que indiquen que allí habite nadie, sinó los maderos clavados en las ventanas y balcones de los pisos vacíos. En la planta que da a la calle hay tiendecitas y comercios que a esta hora tardía están cerrados.

A la mañana siguiente paseo por la Rua Augusta hasta la orilla del Tajo. Las tiendas y cafeterías están abiertas. Me gusta observar que aquí hay muy pocas tiendas de cadenas internacionales invadiendo las calles principales como en otras capitales europeas, despersonalizándolas por completo. Hace sol, a pesar de las grises previsiones, y,  aunque la brisa fresca del Atlántico se deja notar,  hay mucha gente en las calles. La impresión de movimiento comercial que percibo esconde el estado lamentable del centro histórico, que ha hecho que la gente huya en masa de estos barrios . En los últimos 30 años más de 300.000 personas han abandonado el centro de Lisboa, sólo quedan los menos pudientes y los inmigrantes. Los más afortunados se han mudado a modernos pisos y casas de propiedad en atractivas poblaciones cercanas como Estoril o Caiscais en la cercana costa. Ya en 2008 había en Lisboa más de 4000 edificios y 30000 pisos vacíos, abandonados a su suerte.

Hoy cientos de miles de personas entran y salen de la ciudad cada día para trabajar y las consecuencias son dramáticas: los atascos de tráfico y la contaminación preocupan mucho a las autoridades municipales mientras sus arcas se vacían, pues el número de habitantes con más poder adquisitivo y por tanto de los contribuyentes se reduce cada vez más.

Antes de cenar me aventuro por las calles del antiguo barrio judío de Alfama, un laberinto de estrechos callejones medievales adoquinados trepando por las laderas del monte del castillo de San Jorge por la parte que da al río Tajo. Desde el interior de los bares y tabernas se oye cantar Fado, ese cante portugués nostálgico y melancólico, pero que sabe expresar a al vez la alegría y la ironía de la vida que tanto caracteriza a esta ciudad. La mayoría de los visitantes aquí son turistas, pues en este barrio viven pocos oriundos y el abandono de las viejas casas es más que evidente. Casa

 

En el camino de vuelta al hotel paso por un viejo palacete medieval, intuyo una vista fantástica sobre el mar de luces de la ciudad desde su terraza, pero tampoco aquí vive nadie y me pregunto por qué su propietario deja que este bello edificio se agriete y desmorone.

Uno de los motivos del contínuo abandono del centro histórico de la ciudad viene del decreto del dictador Salazar, quien en 1947 prohibió el aumento de los alquileres de los pisos del centro de Lisboa por décadas. Ello provocó que ya en 2006 los habitantes pagaran más por la electricidad que por el alquiler. Los propietarios no se ocuparon de renovar y modernizar las viviendas o invertir en el saneamiento de los edificios, sinó que esperaron o esperan a que sus inquilinos se marchen o se mueran para vender el edificio o derribarlo para la construcción de modernas oficinas.

En 2012 se renovó por fin la ley de arrendamientos, sólo queda esperar que los propietarios se interesen por mantener y restaurar los bellos edificios del centro y así poner fin a la decadencia y abandono que tanto daño hace a la bella arquitectura de la  ciudad.

El ayuntamiento también intenta desde los 90 salvar la arquitectura única de su centro histórico. Con ayuda de medios municipales se ha podido restaurar algún edificio que reluce mostrando su esplendor y haciendo evidente lo bello que podría ser todo el barrio. Pero para hacer revivir el centro histórico de la ciudad falta que sus habitantes se den cuenta de que vale la pena vivir aquí.

Por desgracia, la crisis financiera y las medidas de contención de gasto impuestas por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional al gobierno portugués han provocado que los medios para la conservación de edificios prácticamente ya no existan. Además el aumento del paro juvenil hasta casi un 16% en el año 2000 y hasta un 38% en 2012 provoca una desbandada general de los jóvenes hacia el extranjero y destruye las perspectivas de crecimiento económico en Portugal.

Justamente aquí se me muestra con aplastante claridad la estrechez de miras, por no decir la torpeza de la política de austeridad que se practica casi misionariamente en Europa.

Mientras reflexiono sobre el mal camino de la política europea durante mi último paseo del día por Lisboa, llaman mi atención los enormes graffiti que adornan algunos de los grandes y vacíos edificios de la ciudad. Hubo un proyecto llamado Crono http://cargocollective.com/Crono/Manifesto apoyado por el gobierno municipal de Lisboa para que los mejores artistas de graffiti a nivel mundial transformaran esos tristes edficicios en obras de arte, en vez de abandonarlos para ser pasto de especulaciones inmobiliarias, y a la vez dotar al barrio de una imagen alegre e innovadora. Este proyecto se llevó a cabo desde junio de 2010 hasta julio de 2011. La resonancia a este original método de protección de edificios no se hizo esperar: para unos comentaristas un proyecto digno de elogio, para otros un deshonor para las edificios históricos mediante trabajos de pintura de aerosol elevados a la categoría de arte, pensada sólo para atraer turistas que demuestran una clara falta de planificación municipal a largo plazo.

Tras meditarlo un momento doy forma a mi opinión personal: cualquier cosa es mejor que abandonar estas casonas a su triste suerte. ¿Por qué pensar que esos graffiti realizados por artistas reconocidos internacionalmente deshonran los edificios?¿Es que es mejor que antiguos palacetes con ventanas tapiadas con maderos y paredes destrozadas determinen la imagen de la ciudad?

Claro que sería maravilloso que hubiera un saneamiento general de edificios, pero mientras los políticos no tengan interés en la conservación de la arquitectura europea y los críticos de los graffiti no ofrezcan ninguna alternartiva digna ¿por qué ponerse en contra de esta forma de expresión artística? Aparte de que se puede aprovechar como signo de protesta contra la ignorante política europea que observa de brazos cruzados el decaimiento de los tesoros culturales europeos desde el comienzo de la crisis financiera, pero al mismo tiempo pone a disposición millones de euros pagados por los ciudadanos para salvar bancos arruinados.

Al final de mi viaje me doy cuenta de que también he sucumbido a la magia de Lisboa. Sí, esta ciudad es la Cenicienta de Europa – olvidada, despreciada y abandonada. Pero al mismo tiempo gentil y amable, encantada y encantadora, con sus gentes siempre dispuestas a ayudar con una sonrisa en el rostro incluso en estos tiempos tan difíciles, quienes, a mi modo de ver, merecen una política inteligente y sostenible para su país y su maravillosa capital.

El Castillo de Requesens

Hoy es uno de esos maravillosos días de invierno en Cataluña, en los que el sol brilla dorándolo todo y el cielo es de ese azul profundo. Sólo la tramontana, el fuerte viento que sopla del norte, me produce de vez en cuando sensación de frío. Pero gracias a ella el aire es diáfano. El sol, bajo en el horizonte en esta época del año, y el aire limpio producen una luz tan bella que enseguida me dispongo a preparar mi cámara.

Un dia perfecto para ir de excursión, así que decido acercarme a visitar el Castillo de Requesens y fotografiar el fantástico paisaje. Este antiguo castillo catalán se encuentra en la vertiente sur del Puig Neulós, el monte más alto de la Sierra de la Albera con sus 1256 metros. Este macizo montañoso conforma desde la paz de 1659 la frontera entre España y Francia.

Me dirijo hacia Francia por al A-7 desde Barcelona, hasta que al cabo de 1 hora y media alcanzo la salida 2, La Jonquera. Desde aquí sigo hasta Cantallops, un pueblecito de apenas 260 habitantes en la Comarca Alt Empordà. Esta región es famosa, entre otras atracciones, por sus vinos. La viticultura se practica aquí desde hace más de 2000 años, ya los griegos y los romanos descubrieron que el clima y las temperaturas suaves en invierno, así como la presencia de este fuerte viento Tramontana configuraban las condiciones perfectas para el cultivo de la vid. Paro en Cantallops en la Bodega Vinyes del Aspres y cargo en el coche una caja del estupendo vino tinto Salou, del que se producen 2500 botellas al año y es el orgullo de esta pequeña bodega.

Sigo por una pista de tierra entre densos bosques de alcornoques y campos con masías solitarias. La carretera se hace más empinada y curvosa y ya diviso el Castillo de Requesens en lo alto de la colina entre curva y curva. Tras cinco kilómetros la carretera hace un esfuerzo final y alcanza en fuerte pendiente el castillo, desde donde tengo una vista fantástica sobre toda la llanura que se extiende a mis pies.

Para la visita del castillo pago 2 euros en la entrada y obtengo un folleto explicativo de su historia. Fue construido por Gausfredo II, Conde de Rosselló, que vivió entre 1014 y 1074. Su castillo llamado entonces „Recosin“ se hallaba en una antigua ruta comercial que atravesaba los pirineos hasta las llanuras del Empordà.

A partir de 1285 la posesión pasó a una antigua familia noble catalana, los Ricoberti, el Conde de Perelada. En los siglos subsiguientes decayó mucho hasta que en el siglo XIX Don Tomas de Rocaberti-Dameto, Conde de Perelada y Vizconde de Rocaberti, empezó a restaurarlo. Pero el Conde murió poco más tarde en 1898 antes de terminar los trabajos. Se hizo cargo su hermana Juana Adelaida, Condesa de Montenegro y Peralada, que continuó los trabajos ,y para San Juan de año 1899 se inauguró el castillo totalmente renovado con una fastuosa fiesta. Moriría la condesa Adelaida un mes después, dejando el castillo en herencia a una lejana rama mallorquina de la familia, que, sin interés alguno en la propiedad, lo vendió poco después.

Al estallar la guerra civil el castillo fué expoliado y utilizado como barracón por los soldados enviados allí como puesto fronterizo. El castillo quedó en estado ruinoso hasta que su propietario, el Duque del Infantado, lo vació en 1942 y lo vendió a una sociedad llamada A. Bores. De allí paso a ser propiedad de una familia de industriales catalana. Los actuales propietarios mantienen en castillo de forma que al menos no siga decayendo.

A pesar de estar en ese estado, el visitante con un poco de imaginación puede intuir el pasado esplendor del castillo cuando fue restaurado por Don Tomas de Rocaberti-Dameto y su hermana. Sigue en pie el laberinto de edificios rodeados de muro con sus grandes estancias comunicadas entre sí, los corredores oscuros y los muchos portales de entrada. Por las escaleras ya bastante deterioradas se llega a las terrazas que ofrecen vistas maravillosas. Jardines salvajes con estanques secos donde antaño hubo fuentes de aguas cantarinas permiten adivinar al visitante el idílico lugar que era en tiempos pasados, antes de que el vandalismo y la ignorancia maltrecharan de tal forma este antiquísimo conjunto.

Tras buenas dos horas me marcho de aquí contento por las fotografías tomadas y por la excursión, que recordaré seguro a menudo.

Jürgen

Literatura: http://www.comprendes.de/magazin/spezials/spezials-details/datum/2011/03/04/grenzfestung-und-maerchenschloss-das-castillo-requesens/

Otoño en Girona

El otoño a orillas del Ter en Girona..

Hoy elijo la carretera nacional N-II para llegar a Girona a través del bosque otoñal, viendo el follaje teñido de tonalidades amarillas y tostadas bailar al son del viento. Es uno de estos días maravillosos de otoño en Catalunya. Su cielo despejado y azul, el mediterráneo brillando azul profundo y el aire diáfano tras las lluvias y tormentas caídas en los últimos días permiten atisbara a lo lejos las cumbres nevadas de los Pirineos.

Una vez en Girona me dirijo al Parc de la Devesa, gran oasis de paz en medio de la ciudad. Más de 250 plataneras casi todas de avanzada edad, más de 150 años, cobijan el paseo con sus 60 metros de altura o más. En verano ofrecen su sombra a lo largo del camino y ahora en otoño nos deleitan con sus hojas amarillas y secas por las que el sol se abre paso iluminando entrecortadamente la tierra.

Disfruto de la tranquilidad y la especial atmósfera durante mi paseo por el parque mientras en mi cabeza se fraguan ya los motivos que voy a captar con mi cámara.

 He llegado a orillas del Ter, que limita el parque por el este. Aquí los árboles de hoja caduca se alinean densamente brillando con sus vestidos de otoño. El pequeño río fluye perezosamente reflejando los árboles en sus aguas tranquilas. Desde un puente de madera intento captar este ambiente con mi cámara y descubro unos patos de negro plumaje que terminan de completar mi composición.

Cuesta imaginar que, a menos de cien metros de donde me encuentro, continúe el tráfico y el ajetreo de la animada ciudad. Después de tres horas de paseo y fotografía, se apodera de mí el hambre y me tomo un bocadillo y un café en un bar del centro. Me entretengo mirando las fotografías que acabo de hacer en el visor de mi cámara.

También o tal vez más en otoño siempre vale la pena volver a visitar Girona.

Zaragoza – Escenario de la EXPO en 2008

Hace cinco años Zaragoza acogió la Exposición Universal bajo el lema “Agua y desarrollo sostenible”. Las Expo se celebran desde 1851 regularmente en ciudades del mundo. La inversión de más de 1.500 millones de euros fue a cuenta del estado español, el gobierno aragonés y la ciudad de Zaragoza, para construir la maravilla arquitectónica que es el recinto Expo 2008 en el noroeste de la ciudad a orillas del Ebro.

Puentes espectaculares como la “Pasarela del voluntariado” del arquitecto español Javier Monclús fueron construidos para unir las dos orillas del río Ebro, así como pabellones impresionantes como el Pabellón de Aragón del arquitecto Olano y Mendo.
Fueron 107 países los que presentaron en este recinto sus ideas y visiones sobre el tema “Agua y desarrollo sostenible”.
La Expo Zaragoza simboliza para mí, más que cualquier otro evento en la primera década del siglo XXI el auge de España para convertirse en una de las naciones pioneras en la economía de Europa, su modernidad y la fuerza creativa e innovadora de sus arquitectos e ingenieros.
Hoy, cinco años después de este gran evento, paseo por el recinto casi abandonado de la exposición universal para fotografiar su arquitectura, que sigue siendo fascinante, y me pregunto qué fue del sueño de construir un nuevo gran centro urbano en este recinto, digno de la quinta ciudad en tamaño de España.
Ya el llegar hasta aquí se hace complicado, pues no existe casi señalización alguna indicando el camino al recinto Expo. Sigo el cauce del Ebro en dirección norte con la esperanza de encontrarlo.
Descubro las cabinas pintadas de verde del teleférico suspendido en el aire y me pregunto por qué está vacío y no se mueve. Más tarde me explican que su explotación se ha abandonado por falta de público.
En el enorme recinto me encuentro con muy pocas personas, algún deportista haciendo footing y una persona en silla de ruedas dando sus vueltas por la plaza frente al Pabellón de Aragón.
Muchos pabellones están vacíos y empiezan a mostrar signos de dejadez. En algunos veo obreros trabajando para devolverles su esplendor.
Pocos visitantes se acercan hasta el mayor acuario fluvial de agua dulce de Europa, me pregunto si el fin de semana habrá más gente visitando este fantástico lugar. El acuari desde luego vale la pena.
A última hora de la tarde paseo por el Parque del Agua “Luis Buñuel”, un paisaje artificial pantanoso con canal de agua con caminos marcados que invita a la contemplación y al descanso. Incluso aquí me encuentro casi solo.
Hay un embarcadero de alquiler de embarcaciones cerrado. Las barquitas de colores que se balancean en el agua brindan un contraste con el ambiente casi melancólico que se respira en este lugar tan solitario.
La Expo 2008 es para mí parangón de la grave crisis económica que atacó este país poco después de la celebración de la exposición. El hundimiento de la industria de la construcción, la crisis bancaria y el enorme endeudamiento del país han dado la vuelta al optimismo y el desarrollo de este país.
La fantástica arquitectura y la presentación tan bien lograda del tema “Agua”, tan importante para todos, merece ser mucho más visitada. Cuando, al final del día, me marcho de aquí para emprender el viaje de regreso a mi hogar, deseo que nuestra guía turística sobre Zaragoza atraiga a tantos turistas como sea posible, que de otra manera tal vez hubieran pasado de largo de esta ciudad.